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Espartaco No. 49

Abril de 2018

PRI, PAN/PRD, Morena: Partidos del capital

Elecciones 2018: Ninguna opción para explotados y oprimidos

¡Forjar un partido obrero!

A unos meses de las elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su partido populista burgués Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) aventajan a sus contrincantes: el tecnócrata José Antonio Meade, del gobernante PRI; Ricardo Anaya, de la alianza del neocristero PAN y el nacionalista burgués PRD; y los candidatos “independientes”, la panista renegada Margarita Zavala (esposa del expresidente Calderón) y el expriísta populista de derecha Jaime Rodríguez “El Bronco”. Para la clase obrera no hay opción por la cual votar. Nacional-populistas o neoliberales, todos son candidatos de los partidos burgueses que defienden el sistema capitalista de explotación y opresión. Todos son enemigos de los intereses de los obreros y los oprimidos.

Aprendimos de V.I. Lenin, dirigente del Partido Bolchevique que llevó al poder a los obreros y los campesinos rusos en 1917, la verdadera naturaleza de la democracia capitalista: cada sexenio se otorga a los trabajadores y los oprimidos la gracia de acudir a las urnas para decidir qué representante de la clase burguesa los reprimirá y aplastará. Nuestro propósito es barrer con este sistema entero, y la independencia política del movimiento obrero es la premisa de este programa revolucionario: nos oponemos, por principio, a votar por cualquier partido y/o candidato ajeno a la clase obrera. Luchamos por el forjamiento de un partido obrero de vanguardia que agrupe a los obreros avanzados y la intelectualidad desclasada bajo un programa de lucha de clases revolucionario e internacionalista.

Para nosotros es también una cuestión de principios el que los marxistas no postulemos candidatos para puestos ejecutivos del estado capitalista, como presidente, alcalde y gobernador. Esta posición se deriva de nuestro entendimiento del estado burgués, la máquina de represión y opresión —cuyo núcleo son el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles— que sirve para proteger el dominio de los capitalistas y su modo de producción (ver “Los principios marxistas y las tácticas electorales”, Spartacist [Edición en español] No. 36, noviembre de 2009). Lejos de querer administrar el estado capitalista, los comunistas luchamos por destruirlo y remplazarlo con un estado obrero mediante la revolución socialista.

“Reformas” antiobreras, militarización y subyugación imperialista

Según cifras del gobierno, en 2016 había 53.4 millones de personas “en situación de pobreza” —más del 40 por ciento de la población—, en tanto que el número de personas “con pobreza o vulnerabilidad” aumentó a 95 millones —¡tres cuartos de los mexicanos!—. He ahí un resultado directo del TLCAN, tratado de rapiña imperialista contra México, y de décadas de privatizaciones y “reformas estructurales” (privatización petrolera, eléctrica y ferrocarrilera, liberación del precio de la gasolina, “reforma educativa”, etc.) encaminadas a entregar la economía del país a los imperialistas, centralmente EE.UU., y a debilitar y destruir sindicatos.

Los arrastrados gobernantes mexicanos no cesan en sus propósitos pese al abierto desdén de sus amos imperialistas. Mientras supervisaba el saqueo de México, Barack Obama, del Partido Demócrata, deportó a 2.7 millones de inmigrantes, estableciendo un récord de todos los tiempos para un presidente de EE.UU., mismo que el republicano racista Donald Trump quisiera batir. Trump está empeñado en hacer el TLCAN aún más beneficioso para EE.UU., al tiempo que desata a la migra contra los “bad hombres” (los mexicanos) y todos los inmigrantes, erige su humillante muro antiinmigrante y militariza la frontera, con el envío reciente de miles de tropas estadounidenses.

El gobierno capitalista mexicano, a la par de su embestida económica, lanzó bajo el PAN y mantiene hoy bajo el PRI la brutal “guerra contra el narco”. Esta embestida represiva fue hecha en EE.UU. como un medio para incrementar el control que ejerce sobre su “patio trasero” latinoamericano. La recién aprobada Ley de Seguridad Interior (LSI) legaliza la militarización permanente a gran escala y otorga facultades bonapartistas al presidente para movilizar al ejército sin limitación alguna contra lo que considere una “amenaza”. ¡Abajo la Ley de Seguridad Interior! ¡Abajo la “guerra contra el narco”!

Como hemos insistido, la “guerra contra el narco” y la creciente militarización de la sociedad no tienen nada que ver con proteger a la población; son una justificación para fortalecer al estado burgués y limitar aún más los derechos de las personas. Procura amedrentar a la población en su conjunto y está dirigida particularmente contra los luchadores sociales y los militantes sindicales. Llamamos por la despenalización de las drogas, la cual, al eliminar las enormes ganancias que derivan de la naturaleza ilegal y clandestina del narcotráfico, reduciría el crimen y otras patologías asociadas con éste. Además, nos oponemos a las medidas del estado burgués que restringen o impiden que la población porte armas, lo que limita sus derechos y garantiza el monopolio del estado y los criminales sobre ellas.

Esta larga embestida proimperialista, antiobrera y antipobres ha continuado ante la pasividad, en la mayoría de los casos, de las burocracias sindicales procapitalistas leales al PRI o al PRD (ahora, algunas también al Morena). Los burócratas han hecho su mejor esfuerzo por desmovilizar a la clase obrera, si no es que han apoyado de plano un ataque tras otro.

Morena, opción de recambio capitalista

PRI, PAN y PRD están abiertamente por la continuidad de la ofensiva burguesa. Como un testimonio de su derechismo y servilismo abyectos, ponen el grito en el cielo ante la posibilidad del triunfo de AMLO. Por su parte, López Obrador, cuyo partido, nacido en 2012, no ha tenido oportunidad de encabezar el ejecutivo federal, se ha desvivido para demostrar, con razón, que la burguesía no tiene nada que temer —él también está por la continuidad de las “reformas estructurales” y la defensa del TLCAN—.

El PAN y el PRD, formaron una alianza, encumbrando como su candidato a Ricardo Anaya del PAN. El PRD, desprestigiado por sus ataques contra explotados y oprimidos y sus represiones asesinas, como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, se aferró a esta alianza dadas sus nulas esperanzas de ganar las elecciones federales (aunque apuesta por conservar su bastión histórico, la Ciudad de México).

A su vez, AMLO se alió con el Partido Encuentro Social (PES), una formación evangélica derechista rabiosamente machista, antimujer y antigay obsesionada con destruir los derechos al aborto, el matrimonio (y el divorcio) gay y la adopción por parte de parejas gays en la Ciudad de México. AMLO compite con el PRD por las mismas bases; en esta ciudad, donde estas reformas democráticas gozan de popularidad especialmente entre la intelectualidad, AMLO se ha visto obligado a declarar de dientes para afuera que mantendrá dichos derechos —donde existen, en la Ciudad de México—. Por otro lado, AMLO se opone a esos derechos democráticos elementales y ha amenazado reiteradamente, incluyendo mediante promesas al Episcopado, que los someterá a consulta popular, lo cual muy probablemente significaría terminar con ellos. Los espartaquistas decimos: ¡Ningún plebiscito! ¡Aborto libre y gratuito y plenos derechos para los gays en todo el país!

Muchos intelectuales y seudoizquierdistas ven en los pactos PRD-PAN y Morena-PES algo “contranatura”. En realidad, lo único que confirman todas estas alianzas entre los partidos burgueses es que entre ellos no hay diferencias insalvables, y que la democracia burguesa es un chiquero donde el único principio insoslayable es mantener el propio régimen capitalista; es una democracia para los ricos y un engaño para los pobres. En los países atrasados como México, la “democracia” es una delgada capa de pintura que pretende ocultar el baño de sangre de la brutalidad policiaco-militar cotidiana.

Populismo burgués, entonces y ahora

Amplias capas de explotados y oprimidos ven en AMLO una alternativa para mejorar sustancialmente su situación y obtener sus tan ansiadas reivindicaciones democráticas, como la emancipación nacional. Para muchos obreros, AMLO es una especie de reencarnación del general Lázaro Cárdenas. Ciertamente, Lázaro Cárdenas y AMLO (igual que el difunto Hugo Chávez y ahora Maduro en Venezuela) son representantes del populismo nacionalista, una política capitalista a la que las burguesías tercermundistas, atadas al imperialismo por miles de lazos, han recurrido para ganar el apoyo de la poderosa clase obrera y colocarse en una mejor posición para renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas.

En los años 30, Cárdenas modernizó el país en beneficio de la burguesía nacional. Para ello ganó el apoyo de obreros y campesinos a través de concesiones y reformas democráticas, como un reparto agrario significativo, y la nacionalización de los ferrocarriles en 1937 y de las compañías petroleras imperialistas en 1938. Cooptando a las burocracias sindicales, Cárdenas ató a los sindicatos al estado burgués mediante la camisa de fuerza del corporativismo. El resultado fueron décadas de gobiernos priístas que combinaron políticas nacionalistas-populistas, basadas sobre todo en los ingresos petroleros, con la represión salvaje.

80 años después —y con la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS mediante—, el populismo de AMLO parece una parodia del de Lázaro Cárdenas. A AMLO le ha bastado un discurso demagógico contra la corrupción de la “mafia del poder” y la promesa de otorgar algunas concesiones, como el aumento de las pensiones a adultos mayores y becas para estudiantes —medidas que ciertamente defenderíamos—.

Aunque AMLO ha procurado granjearse la simpatía de la clase obrera declarando que revertirá las “reformas” educativa y energética —si lo aprueba una “consulta”—, con el siguiente aliento le aseguró a unos banqueros y otros burgueses que de ganar las elecciones no hará ninguna nacionalización y dejará vigentes las reformas aprobadas en el sexenio de EPN.

Para cooptar a los mineros y los maestros, dos de los sectores más golpeados en el sexenio de Peña Nieto, AMLO postuló como senador plurinominal al líder minero Napoleón Gómez Urrutia y estableció una alianza con las “Redes Sociales Progresistas”, organización de agremiados al SNTE vinculada al yerno de Elba Esther Gordillo y sus allegados. Los espartaquistas advertimos que las ilusiones en AMLO, promovidas por la burocracia sindical, únicamente sirven para atar al proletariado a este caudillo populista burgués. Es necesario que la clase obrera rompa con AMLO y eche a las burocracias sindicales procapitalistas —lo mismo si son priístas, perredistas o morenistas— remplazándolas con direcciones clasistas.

AMLO está a favor del TLCAN, el principal vehículo de subordinación económica de México a EE.UU. y una de las principales causas de la devastación económica, especialmente en el campo. El único objetivo de AMLO es hacer más “justo” y “equitativo” este tratado de rapiña imperialista, de lo cual espera convencer...a Trump.

Aunque denuncia hipócritamente la brutalidad estatal-criminal, AMLO ofrece lo mismo. Se congratula de que aplicará la actual LSI (de hecho había propuesto hacer una), está por mantener al ejército en las calles (aunque según él de manera momentánea) y quiere continuar la militarización creando una “guardia nacional” encargada de la “seguridad” e integrada por las fuerzas armadas y las policías. Pretende implementar la política de “cero tolerancia a la corrupción”, una reedición de la draconiana política de “cero tolerancia” que aplicó cuando fue jefe de gobierno en la Ciudad de México, la cual significó mayor represión policiaca y, entre otras cosas, la prohibición y criminalización de mendigos y ambulantes. AMLO contrató en 2003 para elaborar esa venal política al odiado exalcalde de NY —y luego consejero de Trump— Rudolph Giuliani a un costo de 450 millones de pesos. Y no debe olvidarse que fue AMLO quien desató en 2001 la represión contra los campesinos de Atenco incluso antes de que lo hiciera EPN.

Lo importante es entender que tanto hoy con AMLO, como antes con Lázaro Cárdenas, la clase obrera no debe tener ninguna ilusión en estos caudillos populistas-nacionalistas. El neoliberalismo y el populismo nacionalista no son más que dos políticas capitalistas alternativas que bien pueden ser esgrimidas por los mismos individuos según la coyuntura. Más aún, independientemente de que AMLO gane o no las elecciones, el México capitalista seguirá siendo un país atrasado y subyugado por el imperialismo.

Los espartaquistas nos guiamos por el entendimiento que estuvo detrás de la Revolución Rusa de 1917, la teoría de Trotsky de la revolución permanente que declara que:

“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas”.

La revolución permanente (1930)

Es necesario combatir el nacionalismo burgués que oscurece la división de clases e impulsa la falacia de la identidad de intereses entre explotados y explotadores. El mejor aliado potencial del proletariado mexicano es el poderoso proletariado multirracial estadounidense. Para abrir el camino al socialismo se requiere la extensión de la revolución a los países capitalistas avanzados, como EE.UU. Tanto aquí como allá, es necesario romper las ataduras que subordinan al proletariado a la burguesía supuestamente “progresista”, sea el nacionalista burgués AMLO o los demócratas imperialistas Barack Obama y Hillary Clinton.

El MTS a la sombra de AMLO

El seudotrotskista Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) quisiera hacer del cretinismo electorero su marca registrada. Recientemente celebró el éxito de su enloquecida campaña de 52 días para reunir las firmas necesarias para postular una candidata al Congreso de la Ciudad de México en las próximas elecciones locales. Desde hace cuatro años el MTS ha movilizado todas sus escasas fuerzas en campañas para participar en elecciones burguesas, incluida la farsa de la asamblea constituyente de la Ciudad de México (ver “Ciudad de México: El circo antidemocrático de la asamblea constituyente”, Espartaco No. 46, octubre de 2016). El que esta pequeña organización de algunas decenas de militantes vaya de campaña en campaña en busca de curules dice mucho de la perspectiva reformista de estos supuestos marxistas.

Como ha sucedido en cada ocasión, en su actual campaña el MTS ni siquiera traza una tenue línea de clases. Se hacen llamar “anticapitalistas”, un engañoso término en boga que significa oposición no al capitalismo, sino a algunos de sus “excesos” neoliberales. Todo su programa electoral se redujo a levantar una serie de demandas estrechas, como la reducción de salarios a funcionarios e impuestos a los empresarios, las cuales AMLO bien podría enarbolar, y de hecho enarbola algunas. En ninguno de los artículos del MTS dedicados a la promoción de su candidatura mencionan el carácter de clase de AMLO y el Morena, mucho menos llaman a romper con ellos. Toda su campaña es un fraude destinado a acomodarse a las ilusiones en AMLO.

Ya desde la constitución del Morena, advertimos cómo la entonces Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), predecesora del MTS, introducía ambigüedad respecto a la naturaleza de clase de este partido burgués, haciéndolo pasar por una especie de partido obrero socialdemócrata tercermundista, cuyo problema era su “dirección política” y “estrategia” (ver “La LTS: Entre Moreno y Morena”, Espartaco No. 37, febrero de 2013). Mostrando sus propias ilusiones en AMLO, ahora las quejas del MTS al caudillo populista se basan no en el programa ni en el carácter de clase burgueses de éste y su partido, sino en su alianza con el PES:

“Con alianzas como ésta, la figura que más ilusiones despierta entre amplios sectores de la población pone en cuestión los derechos de las mujeres, como el derecho al aborto conquistado en la Ciudad de México, y los derechos de la comunidad sexodiversa, entre ellos el matrimonio igualitario”.

—laizquierdadiario.mx, consultado el 8 de abril

Independientemente de su alianza con evangélicos, AMLO —él mismo un cristiano devoto— es un oponente de los derechos democráticos elementales de las mujeres y los gays, y de hecho nunca ha pretendido ser otra cosa.

¡Por un gobierno obrero y campesino!

En contraposición a toda ilusión en los partidos burgueses, los espartaquistas luchamos, con base en la experiencia de la Revolución Rusa de 1917, por un gobierno obrero y campesino mediante la revolución socialista. En países de desarrollo capitalista atrasado como México, sólo la toma del poder por la clase obrera dirigida por un partido obrero revolucionario, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y pequeñoburguesas urbanas depauperadas, puede conseguir la genuina emancipación nacional mediante la expropiación de la burguesía nacional, el repudio de la deuda externa y la lucha por la extensión de la revolución internacionalmente. La revolución socialista remplazaría la democracia burguesa, que en realidad no es sino una burla para los obreros y los pobres, con la genuina democracia para los explotados y los oprimidos, donde los obreros y los campesinos pobres dirigirían los destinos del país a través de los soviets o consejos.

 

Espartaco No. 49

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