Frente a las provocaciones del gobierno mexicano: ¡Defender la Revolución Cubana!
PAN, PRI, PRD: Enemigos de Cuba

Reproducido de Espartaco No. 18, primavera-verano de 2002.

El reciente escándalo diplomático en el que el gobierno de Vicente Fox, al servicio del gobierno estadounidense, instigó a Fidel Castro a abandonar la cumbre de Monterrey, fue uno de los momentos culminantes de la escalada de provocaciones que el gobierno burgués mexicano ha llevado a cabo contra el estado obrero cubano. Esta escalada comenzó cuando el propio Fox, en una visita oficial a Cuba, se reunió con las organizaciones contrarrevolucionarias cubanas. Días después, el secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, declaró en Miami que la embajada mexicana abriría sus puertas a cualquiera —declaración que fue trasmitida por la gusana Radio Martí—, provocando que una turba de gusanos potenciales tomara la embajada mexicana en Cuba. La actitud provocadora del actual gobierno derechista del PAN hacia Cuba refleja la total dependencia de la burguesía mexicana respecto a sus amos imperialistas y su hostilidad fundamental hacia la Revolución Cubana como un obstáculo a sus propias inversiones y como un ejemplo para las masas mexicanas. Nosotros decimos: ¡Abajo las provocaciones del gobierno de Fox! ¡Defender la Revolución Cubana!

El actual aumento en la beligerancia del gobierno mexicano contra Cuba ocurre en el contexto de un mundo marcado por la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética hace una década. La URSS era un contrapeso real al imperialismo que daba a los regímenes del PRI un cierto espacio de maniobra y negociación, que permitía incluso a estos lacayos de EE.UU. presentarse ocasionalmente como “amigos de Cuba”. Ahora, la hipócrita retórica del “Tercer Mundo” se ha ido y la hostilidad abierta ha sido revelada.

Muchos de los grandes medios de comunicación e incluso partidos burgueses como el nacionalista PRD y el propio PRI han llamado al gobierno de Fox a cesar su actitud servil ante el gobierno estadounidense y exigido la renuncia de Castañeda. Desde luego, estos partidos capitalistas no defienden la Revolución Cubana, sino que simplemente añoran regresar a los tiempos de mayor independencia del capitalismo mexicano en la “época de oro” del PRI. El jefe de gobierno perredista de la Ciudad de México, López Obrador, levantó el ejemplo de las buenas relaciones que México tenía con Cuba bajo el gobierno del sanguinario Díaz Ordaz, célebre por la masacre de cientos de estudiantes en Tlatelolco en 1968 (La Jornada, 28 de marzo). Los que explotan y oprimen a los obreros, los campesinos, los estudiantes y los pueblos indígenas en México saben que los desposeídos de toda América Latina ven a Cuba favorablemente, y simplemente quieren impedir revoluciones en otros lados.

Nuestra defensa del estado obrero cubano parte del internacionalismo proletario. Como resultado de la revolución, la burguesía como clase fue expropiada y la propiedad privada de los medios de producción fue suprimida. Las relaciones económicas capitalistas fueron sustituidas por una economía planificada y colectivizada. La revolución benefició enormemente a los sectores más oprimidos de la sociedad: los campesinos pobres, los obreros, los negros y las mujeres. Cuba, un país inmensamente pobre y atrasado, asediado por el hambre, la explotación y la ignorancia, se convirtió en un país en el que el analfabetismo ha sido virtualmente erradicado, donde todo el mundo tiene acceso a los servicios médicos, y donde la alimentación y la vivienda están garantizadas. Esto constituye la base de nuestra defensa militar incondicional del estado obrero deformado cubano, así como de los otros estados obreros deformados que todavía existen: China, Corea del Norte y Vietnam. Esta defensa es más urgente que nunca ahora, cuando el brutal aislamiento económico de la isla, provocado por el colapso de la URSS y el criminal bloqueo mantenido por EE.UU., pone en grave peligro la existencia misma del estado obrero, con los imperialistas estadounidenses libres de las restricciones que representaba el escudo militar soviético, y con la escasez aumentando en Cuba.

Desde su origen, el estado obrero cubano ha estado burocráticamente deformado. Como el producto de una revolución dirigida por fuerzas guerrilleras pequeñoburguesas y no por el proletariado revolucionario, el poder político no está en las manos de la clase obrera, sino en las de una casta burocrática parasitaria que persigue el mantenimiento de sus propios privilegios. Al desviar revoluciones en otros lados, la burocracia castrista aísla criminalmente a la Revolución Cubana tratando de conciliarse con los regímenes capitalistas fuera de Cuba. Hace unas décadas, Fidel Castro recomendó a los sandinistas nicaragüenses no seguir el camino cubano, es decir, no derrocar a la burguesía. En el Museo de la Revolución de La Habana, uno puede buscar en vano algún monumento dedicado a revolucionarios proletarios como Marx o Lenin, pero en cambio hay uno al presidente burgués mexicano Lázaro Cárdenas. En 1998, Fidel Castro fue el más encantador de los anfitriones del reaccionario papa Wojtila, y ha sido uno de los huéspedes más amables y frecuentes en las celebraciones de toma de posesión de los presidentes burgueses mexicanos —incluyendo a Carlos Salinas y Vicente Fox— presentando esta grotesca amistad como proximidad con el “pueblo de México”. Los trotskistas entendemos que la burocracia nacionalista debe ser derrocada por una revolución política que conserve las bases obreras de la economía y transfiera el poder político a los obreros, dirigidos por una vanguardia leninista-trotskista en torno a un programa profundamente internacionalista.

La seudoizquierda mexicana refleja la política de la burguesía respecto a Cuba. El reformista Partido Obrero Socialista (POS) regurgita propaganda abiertamente contrarrevolucionaria, habiendo saludado un motín procapitalista en La Habana y movilizaciones gusanas en Miami en 1994, refiriéndose a los gusanos como “proletariado cubano en EU” (El Socialista, octubre de 1994). En México, sin embargo, la Revolución Cubana es admirada por amplios sectores de obreros, estudiantes e incluso la pequeña burguesía, que la ven como un símbolo de desafío al odiado imperialismo estadounidense. Un reflejo de esto son las campañas de trabajo voluntario y envío de ayuda organizadas por grupos como el comité Va por Cuba y la corriente En Lucha. Sin embargo, sin un programa revolucionario, proletario e internacionalista, lo que estos grupos terminan haciendo es apoyar acríticamente cada maniobra de la burocracia castrista, adaptándose al mismo tiempo al capitalismo en sus propios países, y encajonando así los impulsos de los que quieren defender la Revolución Cubana dentro del marco del nacionalismo tercermundista. El propio Castro expuso explícitamente esta perspectiva en su breve intervención en la cumbre de Monterrey. Aunque señaló que “el actual orden económico mundial constituye un sistema de saqueo”, no dijo ni una palabra sobre la lucha de clases, apelando en vez de ello a que los imperialistas y las Naciones Unidas suministraran “ayuda directa al desa- rrollo con la participación democrática de todos” en el mundo subdesarrollado. Estas apelaciones a que el imperialismo se vuelva de alguna manera más responsable y humanitario no sólo son absurdas, también son reaccionarias, ya que crean ilusiones mortales en que la dictadura de la burguesía en sus adornos “democráticos” puede ser de alguna manera el agente del cambio social a favor de los obreros y oprimidos. Esta mentira ata a los explotados a sus explotadores y conduce a la lucha social a un callejón sin salida. El imperialismo no es una política basada en “malas ideas”, sino que es integral al funcionamiento del sistema basado en la propiedad privada, la extracción de ganancias y la necesidad del capitalismo de conquistar nuevos mercados.

En EE.UU., la organización seudotrotskista Socialist Action (seguidores del fallecido Ernest Mandel, como la Liga de Unidad Socialista y el PRT en México) publicó recientemente un artículo alabando la intervención de Castro en la cumbre. El artículo dice que Castro “señaló la única salida para los países semicoloniales como Afganistán, México y Argentina” cuando dijo durante su discurso que “los países ricos deben condonar la deuda externa y conceder nuevos préstamos para financiar el desarrollo” (Socialist Action, abril de 2002). Lo que todos estos grupos tienen en común —desde el POS y En Lucha hasta el PRT y Socialist Action— son sus ilusiones en reformar el capitalismo y su odio a la URSS, que era la potencia militar y económica de los estados obreros deformados. Fue precisamente al lado del imperialismo que estos grupos se colocaron al celebrar la contrarrevolución capitalista que destruyó a la URSS hace diez años.

Más urgentemente que nunca es necesario extender la Revolución Cubana para que sobreviva. Defender la Revolución Cubana también significa luchar por una revolución proletaria aquí en México y más allá de la frontera, en las entrañas de la bestia imperialista estadounidense, con su poderosa clase obrera multirracial. La defensa de las conquistas de la Revolución Cubana significa necesariamente luchar por que la clase obrera mexicana rompa con el nacionalismo, y construir una oposición clasista e independiente a todos los partidos burgueses, tanto el PAN como el PRI y el PRD. Forjar partidos revolucionarios en torno a un programa capaz de conducir a la clase obrera en esta labor es la lucha de las secciones de la Liga Comunista Internacional. ¡El imperialismo no se combate con nacionalismo! ¡Defender y extender la Revolución Cubana! ¡Por la revolución socialista en todas las Américas!

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